Hubo un tiempo, antes de la llegada de miles de migrantes a nuestras
costas en pleno siglo XXI, en el que los propios españoles huían sin
rumbo hacia la otra orilla de África. Desde el Sur de Europa. El
investigador José Antonio Jiménez Cubero ha sacado a la luz una historia
inédita. La de un grupo de anarquistas andaluces que desesperados por
el cerco policial, esperaron en mayo de 1950 a que el Comité Regional de
la CNT en Andalucía organizara su huida hasta la ciudad Casablanca.
Imagen de la La Fermín Galán y los restos de la 3ª Agrupación
La operación estaba prevista para el 29 de mayo, pero resultó un auténtico fracaso. Cuatro de aquellos maquis fueron abatidos huyendo de las fuerzas policiales. Dos de ellos fueron fusilados,
casi los últimos de los que se tiene constancia en el cementerio de
Sevilla en el año 1952. La guerrilla se extinguía de un soplo. El 75 por
ciento de sus miembros fueron eliminados. Huían desesperadamente en
busca de una salida.
El investigador sevillano, Jiménez Cubero,
narra en su investigación “La aciaga noche del 29 de mayo: Algeciras
1950”, cómo “desde finales de 1949, los miembros del Comité Regional de
la CNT de Andalucía establecido en Sevilla, tenían claro que la
situación comenzaba a ser sumamente peligrosa y corrían un alto riesgo
sino lograban abandonar el país”.
Antonio González Tagua, Secretario del Comité
Regional de Andalucía recibió una notificación del Comité Nacional del
Exilio. “En aquel documento se indicada que la organización no podía enviarle dinero ni documentación
por carecer de medios”. Tenían que actuar con sus propios recursos, sin
ayudas de ningún tipo, aunque el riesgo los llevara a una muerte casi
segura.
La eliminación de la guerrilla en 1951
A finales de 1949 las guerrillas que operaban en Andalucía, La Fermín Galán, la Agrupación Roberto y los restos de la 3ª Agrupación,
estaban en su recta final. “Prácticamente todos los Comités Comarcales
de la CNT (única organización que aún apoyaba a las guerrillas) de
Jerez, Ubique y Cazalla de la Sierra, así como el Regional de Sevilla
habían sido desmantelados por las fuerzas policiales de Franco y la
mayoría de sus miembros asesinados o encarcelados”.
Cubero señala a Público como los informes de la Guardia Civil a comienzos de 1951 indicaban como “la situación empeoraba de mes en mes con la practica eliminación de sus redes de enlace y suministro en la mayor parte de los territorios donde operaba”.
Los Comités Comarcales iban cayendo lentamente
en cada uno de los pueblos donde la guerrilla había cobrado una
importante fuerza. En Cazalla de la Sierra (Sevilla) “desparecía” Manuel
Soto Martín. Y pronto, el resto de guerrilleros no tardó en
movilizarse. Jiménez Cubero recuerda a Púbico como varios de ellos,
González Tagua, Juan Caballo y Francisco Garabitas comenzaron a planear la descabellada “forma de abandonar el país mediante la compra de un barco
que los sacara al extranjero” La desesperación de aquellos días era más
que evidente. Y es que tal y como afirma el investigador Cubero, “las sucesivas detenciones de varios de sus miembros terminaron con más del 75 por ciento del movimiento guerrillero borrado del mapa”.
"Cuando terminaban con algunos guerrilleros dejaban el cadáver algunas horas en la plaza"
El historiador José Luis Gutiérrez Molina, destaca a Público que
el clima de terror que se estableció en aquellos años para calmar la
esperanza de la guerrilla era escalofriante. “Cuando terminaban con algunos guerrilleros de la partidas en los montes, dejaban los cadáveres algunas horas en la plaza” de algunos pueblos. El objetivo, era dar una lección a aquellos enlaces que les habían podido ayudar en su devenir en la sierra”.
Eran los momentos finales, murieron prácticamente todos. Muy pocos
lograron salvar su vida. “Todos ellos iban cayendo en enfrentamientos o
son detenidos y ejecutados en Consejo de Guerra. Desde el final de la
Segunda Guerra Mundial ven como los aliados no van a acabar con la
dictadura” Intentan salir a través de Gibraltar. Gutiérrez Molina afirma que esta expedición no fue asilada.
“Hubo una red de pago y de cartillas de embarque con barcos que
operaban en el Estrecho. Incluso algunos por desesperación decidieron
salir a nado”.
González Tagua y el resto de guerrilleros utilizaron
ese sistema, sin miedo a lo que podían perder. La figura de González
Tagua fue muy destacada. Era un luchador anarquista infatigable, no era
un guerrillero más
que solo se había echado al monte al final de la guerra. Ocupó la
Secretaría del Comité Regional de la CNT de Andalucía en un tiempo muy
difícil. Y fue condenado en Consejo de Guerra en abril de 1939 y mandado
posteriormente a un Destacamento Penal de trabajos forzados en Miraflores de la Sierra (Madrid). “Sabía a lo que se enfrentaba pero no cejó en su empeño de intentar dar una salida a él y todos sus compañeros”.
Ante la falta de medios por parte del Comité
Central, los anarquistas González Tagua, Caballo y Garabitas empezaron a
trazar el plan. “Se reunían con los compañeros escondidas en tabernas
del centro de Sevilla como fue el bar El Punto, del barrio de San Julián
o en la Flor de Toranzo, situado en la plaza de Santa Marina”. Aquellos
enlaces también serían duramente represaliados por la policía que
quería establecer el clima de terror de 1936. Muchos de ellos pasaron
años en la Prisión Provincial de Sevilla conocida como ‘Ranilla’.
En el mes de febrero de 1950, González Tagua,
comunica a varios de los compañeros la necesidad de partir hasta la
Línea para terminar de hacer los contactos y planear finalmente la
operación. Manuel Padilla, miembro destacado del Comité en Jerez, señala
la importancia de un traslado inminente de los miembros que se
encuentran escondidos en Jerez hasta un escondite seguro en Sevilla.
¿Un fallo de última hora o un chivatazo?
El destino a Casablanca era recurrente en aquellos años. “En Marruecos, tanto en Tánger como en Casablanca, había una nutrida colonia de republicanos exiliados
así como de varias decenas de guerrilleros que habían logrado salir del
país, a través de las distintas redes de evasión organizadas por la
CNT, desde los puertos de Sevilla y Cádiz”.
El día de antes de la salida, el 28 de mayo de 1950,
“dos taxistas parten de Sevilla como enlaces para el traslado de los
guerrilleros”. En el coche ‘Pato’ (nombre en clave) de siete plazas,
que conducía Miguel El Gordo, condenado por esta maniobra a dos años de
prisión, llevaría a su ayudante Antonio El Grifo y a los guerrilleros
Juan Caballo, Juan Palacios, Dionisio Carreras y los hermanos Juan y
Francisco Muñoz Bermúdez. El segundo coche, Crysler, era conducido por
los enlaces Agustín Luna López y Antonio Núñez Domínguez. También
fueron condenados duramente como enlaces. En él viajarían, Antonio
González Tagua, José́ Barea Reguera, Bienvenido, Juan Virgil de
Quiñones, Juanito, Cristóbal Ordoñez López, Aniceto, Antonio Morillas,
Francisco Páez y Francisco Garabitos Sánchez.
Los dos coches iban por separado para no levantar
sospechas. Y un chivatazo terminó de dar la pista del paradero de las
embarcaciones clandestinas. La operación fue asaltada antes de que algunos de sus miembros pudiera embarcar rumbo a Marruecos.
“Un grupo de fuerzas de la Guardia Civil los aguardaba apuntando con
las armas”. Nada más llegar, fueron tiroteados Antonio González Tagua,
Juan Virgil de Quiñones (Juanito), Cristóbal Ordóñez López
(Aniceto) y Francisco Ruiz Borrego (El Peque). El resto resultaron
heridos y posteriormente condenados en la causa 308/50, que se
encuentra, a día de hoy, en el Archivo del Tribunal Territorial Militar
Segundo de Sevilla.
Manuel Liáñez fue el único enlace que logró pasar
a Gibraltar, y los dos barqueros contratados, de los que no se conoce
su identidad. “El resto serían detenidos en los días, semanas y meses
siguientes”. Junto a ellos también fueron detenidos y procesados el
dueño del bar ‘El Punto’, así como varios compañeros, vecinos y
familiares que les ayudaron a ocultarse después del fallido embarque.
Los últimos fusilados en Sevilla de los que se tenga constancia
José́ Barea Reguera, alias Bienvenido, fue uno de
los dos guerrilleros fusilados en 1952, que formó parte de la
Agrupación Guerrillera Fermín Galán. Antonio Núñez Pérez, Bartolo, de
la misma Agrupación Guerrillera fue uno de los últimos fusilados de la
ciudad de Sevilla. Cubero cuenta que “sería fusilado en las tapias del
costado derecho del cementerio de San Fernando de Sevilla el jueves 28
de febrero de 1952”.
La terrorífica maquinaria franquista juzgaría también en la misma causa a la hija y mujer del guerrillero Juan Caballo.
Carmen Caballo Granados hacia de estafeta del Comité́ Regional de la
CNT de Andalucía. Detenida junto a su madre el 23 de agosto de 1950. Fue
Procesada y condenada a cuatro años de prisión de Sevilla. La esposa
de Caballo, Isabel Granados Sánchez, corrió la misma suerte, siendo
condenada a dos años.
Socorro López Trillo, conocida como Socorrito, era
la compañera de Antonio González Tagua. Es otro de los nombres que llama
la atención en la Causa 308/50. Fue detenida en su domicilio el 23 de
agosto de 1950, pasó varios meses en la cárcel sin llegar a ser
procesada. “A mediados de enero de 1951 huyó de su domicilio antes de
ser detenida de nuevo por su relación con Tagua”, destaca Cubero en su
investigación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario